viernes, 2 de mayo de 2008

El «monstruo de Amstetten»


El miedo de un hombre, se mide por el tamaño de su ego. (Abel Desestress)

La hija de Fritzl nunca se rebeló porque les había amenazado con gasearlos a todos

A cinco días de haberse descubierto la macabra «casa de los horrores», en la que el jubilado Josef Fritzl mantuvo cautiva a su hija durante 24 años, nuevos y espeluznantes detalles se dan a conocer. Las autoridades austríacas están investigando si Fritzl construyó un dispositivo por el cual el calabozo subterráneo se llenaría de gas en caso de que «a él le pasara algo». Parece ser que ésa era la amenaza que el «monstruo de Amstetten» cernía sobre su hija, para que ni ella ni sus tres niños bajo tierra intentasen escapar o atacar a su verdugo, declaró ayer el portavoz de la Policía, Helmut Greiner, a raíz del primer careo que el detenido mantuvo con la Policía.
Muchos interrogantes guarda aún la puerta del zulo, de unos 300 kilos, que es analizada por seis técnicos en investigación criminal. Las autoridades quieren saber si Fritzl dice la verdad al afirmar que el complejo mecanismo electrónico de apertura de la puerta cuenta con un temporizador que permitiría abrirla de forma manual desde dentro, después de no ser utilizada durante un determinado tiempo. Otros 35 peritos de la Policía analizan desde el domingo el inmueble en busca de nuevas pruebas.
«Siempre lo he odiado»
El miércoles, el abogado de la familia, Christoph Herbst, había advertido de que las víctimas no van a conceder entrevistas a los medios. Sin embargo, algunos de los parientes de la familia se han animado a hablar. El diario «Österreich» publicaba en su edición de ayer una entrevista con la cuñada de Fritzl, la hermana de su esposa Rosemarie. Christine R., de 56 años, habla con desprecio: «Sepp (Josef) era un déspota, siempre lo he odiado. Yo tenía 16 años cuando él fue encarcelado, acusado de violación. Encontré ese delito repugnante, pues ya en ese entonces tenía cuatro hijos con mi hermana», recordó indignada la cuñada. Así, parecen confirmadas las palabras que hace dos días lanzó una mujer de Linz acusando a Fritzl de haberla violado en 1967.
Según la cuñada, las visitas del hombre al «sótano del terror» eran más que frecuentes. «Todas las mañanas, a las 9.00, Josef bajaba al sótano, supuestamente para dibujar unos planos de unas máquinas que quería venderle a empresas». Y agrega: «A veces también pasaba toda la noche allí. Rosemarie no tenía permitido siquiera alcanzarle un café. Ahora sabemos por qué», reflexionó la mujer en relación a los abusos sexuales constantes que debió sufrir a manos de su padre.
Además, Christine dijo que ya sabía desde siempre que ese hombre era la ruina de su hermana mayor. Según cuenta, Fritzl humilló a Rosemarie durante los 51 años de matrimonio y también maltrató siempre a los siete hijos en común, que en su mayoría se casaron jóvenes para irse de la casa familiar. Sus hijos siempre le tuvieron miedo. «Cuando aparecía en una habitación, los niños se quedaban inmóviles, incluso si estaban jugando, pues siempre temían ser castigados», recordó. «Mi hermana Rosemarie se casó con Sepp (Josef) cuando tenía 17 años; ella no tenía formación ni profesión, y eso él lo usó en su provecho durante 51 años», se lamentó la mujer que vive en Enns, Alta Austria.
Los «chistes verdes» eran sus preferidos. En nuestras reuniones, recuerda la cuñada, eran los que más le hacían reír. A Christine esto le parecía patético. «Todos sabíamos que Josef y Rosemarie no tenían sexo desde hacía años», confesó.
Toda la familia solía reunirse una vez al año y, entre bromas y comentarios, parece ser que se reían de la calva de Fritzl. Sin pensarlo, el hombre, tan autoritario como vanidoso, decidió viajar hasta Viena para hacerse un implante y acallar las malas lenguas.
Silencioso y aislado
Amstetten amaneció ayer en calma, en un día marcado por el Día del Trabajo y el Día de la Ascensión, en el que cientos de niños de la pequeña ciudad celebraron su primera comunión. La actividad se detiene en casi todo el mundo, no así la de los policías que siguen protegiendo la «casa del horror», mientras los numerosos periodistas llegados de todas partes permanecen amontonados ante la casa que fuera hasta ahora la morada de la familia Fritzl. El acusado se encuentra tras las rejas, en la fiscalía de Baja Austria, y, por consejo de su abogado, Robert Mayer, no ha vuelto a declarar. El «carcelero de Amstetten» debe realizar sus paseos por el patio de la fiscalía a solas, por temor a ser agredido por los otros presos.
Mientras, a su esposa, su hija maltratada, de 42 años, y cinco de los niños nacidos en el zulo, los está cuidando un amplio equipo de profesionales en la clínica para enfermos especiales de Amstetten-Mauer. Kerstin, de 19 años, la mayor de las hijas, sigue en coma profundo en el hospital de esa ciudad y no se espera que su estado cambie en los próximos días.
El canciller federal de Austria, el socialdemócrata Alfred Gusenbauer, expresó que su Gobierno «no va a permitir que todo el país sea tomado como rehén por un criminal despiadado que actuó solo». El mandatario intenta que el horrendo caso de Amstetten no manche la imagen del país alpino, apenas un mes antes de inaugurarse la Eurocopa de fútbol 2008, a celebrarse en Austria y Suiza.

1 comentario:

Shannon dijo...

Maybe the monster is looking at a monster. No one really knows another person until they have met face to face and then sometimes even then the person is not who they appear to be.